La esencia del escritor: Escribir por escribir

Con qué facilidad le ponemos la etiqueta "terrible" a algo que nos atormenta para después, al cabo del tiempo, darnos cuenta de que esa experiencia terrorífica sirvió de disparador para llegar a un beneficioso aprendizaje. Ha pasado mucho tiempo desde que me ocurrieron los acontecimientos que voy a compartir; están en orden cronológico y transcurrieron durante varios, porque muchas veces lo que más se tarda en aprender, es lo que suele durar toda la vida. Por aquel entonces estaba terminando mi primera novela, Cera de Babilonia. 

 

Madrugada del 19 de Julio. 2009                            

En estos momentos carezco de sentido común, mi vida da pasitos cortos sobre el alambre, esperando ese nuevo tropezón, y mucho me temo que la red, que debe esperarme abajo y amortiguar la caída, ya está rota de tantos sinsabores. No consigo nada de lo que me propuse hace ya unos años. Un objetivo muy importante para mí, puesto que no concibo mi vida de otra manera que no sea la de dedicarme a la escritura en cualquiera de sus representaciones. El tiempo y el destino no están siendo nada benévolos conmigo, me aventuraría a decir que se comportan como un cruel maleficio conjurado para birlarme las oportunidades que me merezco sobradamente.

 

No es lo mismo esperar buenas noticias con la mente tranquila que tener que inventar buenas noticias para no sentirte un fracasado. De nada sirve el autoengaño. Todas estas desilusiones me han llevado a pensar en olvidar mi pasión, ¿pero qué haría entonces con mi vida? ¿Cómo puedo ser feliz si no consigo la vida que me había propuesto conseguir? No sé si algún día lo lograré por esfuerzo o por azar, pero la situación está desmoronando tantos sueños... Los cimientos que yo pensaba inquebrantables se están viniendo abajo y no sé si volver a levantarlos, o dejar irremediablemente que se derrumben en la oscuridad, para que en su lugar, pueda construir unos menos ambiciosos. 

 

19 de Marzo de 2.010.

Después de esa noche me serené y, en los días posteriores, comencé a reflexionar con el objetivo de encontrar la paz necesaria para tomar una determinación. No tuve que esperar mucho para encontrar mi identidad: quería escribir mi libro. Lo necesitaba. Sabía que tenía que sacar tiempo de dónde fuera para escribir, trabajar, centrarme y terminar la historia. Ahí residía mi felicidad, en imaginar.

 

Por fin llegó el 19 de marzo de 2.010. Esta fecha está marcada, en rojo, en el álbum de mi vida. A mi casa llegó una caja de cartón con quince ejemplares de mi novela. Editada por Alhulia. A partir de ese día mi libro vio la luz. Una noticia maravillosa que nunca olvidaré.

 

Parece que había conseguido la ansiada felicidad pero, de nuevo, no supe valorarla lo suficiente. Tras publicar la novela tenía una ilusión desmedida. Llamé a todas las puertas posibles, buscando difundir mi obra. Ese camino no lo anduve en solitario, me acompañó en todo momento una sensación muy concreta y reconocible: la impotencia. A sabiendas de que soy un autor novel y que tengo que demostrar mi valía, sentí impotencia por no ver mis libros en las estanterías de las librerías, impotencia porque mucha gente quiso comprarlo y no tenían dónde, impotencia por pensar que había dedicado dos años de mi vida a escribir un libro que nadie iba a conocer. Pero como dicen, "Lo que sucede, conviene". Esa impotencia hizo que tuviera el orgullo herido y siguiera llamando a más y más lugares para difundir mi obra, paradójicamente, eso me ayudó a encontrarme con la realidad. ¡Estaba promocionando mi novela! Mi libro era una realidad, un sueño tangible y no me estaba dando cuenta. Años atrás había querido ser escritor y ya lo era. Sin importar nada más, las ventas, la difusión, librerías, distribuidoras, editoriales. Era escritor, bueno o menos bueno, depende de los gustos, desde que terminé el último capítulo de mi libro. Es más, ya era escritor desde que anoté la última palabra de un cuento que escribí siendo adolescente y que perdí como perdí tantas cosas en esa época. Era escritor desde que me imaginé el nombre de un personaje que llegó a ser el protagonista de una poesía que nunca terminé. Escritor se es cuando disfrutas escribiendo, cuando le pones tanta pasión a las palabras que nada puede compararse contigo porque estás desarrollando un acto genuino. 

 

10 junio 2.011

Me propuse trabajar para que el libro llegara, y llegue, al máximo número de personas. Es mi primera novela y tengo que sembrar mucho para recoger los frutos. La diferencia está en que ahora disfruto de ese camino, recorriéndolo con una sonrisa, mientras aprendo de todo el mundo y persevero por mis ilusiones. He recibido muchos comentarios positivos de lectores. Cuando se publicó la segunda edición la sonrisa era mucho más duradera, como una tarjeta de presentación. Sigo aprendiendo cada día. Actualmente, este camino está siendo maravilloso porque tampoco lo estoy recorriendo solo. Con su brazo por encima de mi hombro hay mucha gente: toda mi familia, mi agente Maite Zúñiga, Nacho Ares, Antonio Velázquez, la editorial Alhulia... Sin olvidar a todos mis lectores, por sus opiniones y enseñanzas.

 

1 octubre 2.011

Como ya he dicho, voy poco a poco haciendo realidad mis ilusiones, adquiriendo experiencia en el exigente mundo de la literatura, con humildad y paciencia. Enseñar a mis lectores mi particular visión de la realidad y, cómo no, difundir ese compromiso social que me impongo con cada historia que imagino. Hoy por hoy, escribo mi segunda novela. Estoy disfrutando con cada palabra, con cada situación y con cada personaje. La historia es muy interesante y el ambiente que la rodea me tiene fascinado. Escribo y disfruto mientras escribo. El futuro será maravilloso porque el presente lo es. Tan solo he publicado una novela y tengo muchísimas cosas que aprender, pero permitidme decir, desde mi corta experiencia, que la esencia del escritor es lo que su propio nombre indica: ser feliz mientras escribe y, por supuesto, recibir el respeto y el cariño de quienes leen.

 

Salvador Ortiz Serradilla.

 

 

Imagen: lil_foot / www.pixabay.com

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Comentarios: 1
  • #1

    Lux (lunes, 06 febrero 2017 10:35)

    Sin palabras...maravilloso alegato que nos anima a experimentar aquello que nos "llama" desde lo más profundo del corazón: lo que se hace disfrutando, solo pensando en el ahora.
    No he podido evitar recordar a S. Juan de la Cruz y su famosa "Noche oscura del alma" porque tú describes la tuya, y parece que ya ha amanecido para ti.
    Felicidades por tus logros y, sobre todo, por tu nueva visión de la vida. "El comerciante de emociones es un buen ejemplo de ello".